Productos del bosque

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Productos del bosque
En Santa Elena…

La memoria de los “silleteros-tierreros” se reconstruye en la espesura del bosque, en el recuerdo de travesías y fugas por caminos escarpados, en medio de las penumbras y las heladas tras la búsqueda de recursos naturales para vender en la ciudad. Del monte extraían leña, tierra negra y de capote, musgo, bejucos, sarros, flores silvestres, plantas aromáticas y medicinales. También en el bosque aprendieron a producir carbón vegetal y se las ingeniaron incluso, para atrapar pájaros. 

Aunque este tipo de prácticas son cada vez más reguladas por su negativa incidencia en el medio ambiente, la historia oral de este grupo de campesinos aporta nuevos conocimientos para la construcción de una identidad silletera que se ha sustentado en una serie de avatares asociados a la vida en el campo y la relación de estos pobladores con los centros urbanos. 

Estos relatos revelan el gran conocimiento y los procesos de apropiación de un territorio agreste, pero lleno de significados en sus maneras de habitarlo y en sus elementos constitutivos materiales e inmateriales. Es así como bosques, caminos, plantas, árboles y hasta cañadas cobran diversos sentidos cuando se revisa su historia en medio de las tradiciones, los imaginarios y los mitos o leyendas.

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Memoria

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Muchos campesinos del territorio cultural silletero aprendieron a sobrevivir mediante la recolección de especies silvestres de los bosques. Desde niños, su habilidad exploradora y andariega les facilitaba reconocer el monte y, en la práctica de llevar cargas, pronto memorizaron rutas y aprendieron formas de distribución ligadas al crecimiento de la ciudad.

La leña seca fue el primer producto extraído del territorio boscoso de Santa Elena, y para ello debían identificar los árboles más viejos entre robles, arrayanes, carates, siete cueros, silvios, dragos y otras especies. Algunos aprendieron a transformar la madera en carbón vegetal que luego distribuían como combustible en puntos de venta, casas de familia o negocios.

En los “viajes” también cargaban legumbres y hortalizas cultivadas en las huertas, y cuando ya se popularizó la venta de plantas y flores en las plazas de mercado empacaban tierra de capote y musgo, al igual que otros productos ornamentales como las orquídeas, los sarros e, incluso, los pájaros. Al regreso llevaban a cuestas, montaña arriba, diversos alimentos que no cultivaban en sus fincas para poder abastecer a sus familias y en otras ocasiones, materiales para mejorar sus casas.

Los más contemporáneos todavía recuerdan cómo hasta hace poco tiempo arrastraron por las calles de la ciudad sus carretillas cargadas de grama, tierra, plantas, raíces, arepas, etc. Ellos afirman con orgullo que la tierra les dio la comida, el techo y el sustento en momentos muy difíciles para sus familias. Sin embargo, ahora son muy claros al expresar su interés por el bosque y, en consecuencia, privilegian solo aquellos conocimientos de jardinería que no incluyan prácticas extractivas que atenten contra el ecosistema.

primero se sacaba madera, pa hacer casas, para cercar… primero habían esos bosques muy tupidos de madera, mucha madera, pero más que todo era nativa… por ejemplo el arrayán, el carate, el cochobo, el encenillo, el chilco… chagualón… y de esos árboles hay muchos que son medicinales.Rosa Angélica Alzate Soto, nacida en 1946
yo conocí a Medellín de la edad de 14 años… me tocó mucho rajar leña pa vender… y eso se vendía para las panaderías… tenían todavía uno hornos con leña… A punta de hacha y machete tumbar la leña… enseguida de mí casa un bosque grandísimo… inclusive habían árboles muy grandes, había que tumbarlos a dos hachas… como la leña era gruesa había que rajar la leña también a dos hachas… cuando había leña muy dura para rajar, había que recurrir a una cuña… una labor muy ardua, muy dura. La madera buena especialmente el roble, el arrayan, el siete cueros, el silvio, el drago es una madera muy especial pa muebles… con mi papá fue que yo aprendí todas esas cosas.Jaime Soto Atehortúa, nacido en 1937
A mi me contaban los dueños de estas fincas, que cuando ellos compraron esto por aquí era montaña, {Pantanillo} esto era completamente selva. Entonces ellos compraron esa tierras y comenzaron a quemar carbón, de eso vivían. Les tocaba bajar a Medellín con bestias a Buenos Aires.Ramón Antonio Velásquez Henao, nacido en 1940
Cuando íbamos a montar era ensillada la bestia y el carbón se cargaba era en unos machos con… eso se llama una enjalma para poderle amarrar la carga a la bestia. A mí me tocó por aquí pa’ abajo por todo esto, unas trochas horribles. En invierno eran partes que no había por donde pasar por unos charcos, y en verano esos polveros y esas piedras. Nosotros llegamos a sacar 25 bultos de carbón de un solo horno… bultos grandes. Mi papá tenía un tío que tenía una carbonería por aquí por el barrio Gerona, por la Milagrosa, y entonces le llevaba el carbón, lo que sacábamos de carbón, eso ya estaba vendido, eso era muy baratoJaime Soto Atehortúa, nacido en 1937

Mi abuelo quemaba carbón, mi abuelo bajaba con el carbón era ahí a Las Estancias, a La Toma. Tumbaban palos y ya los ponían a que medio se secara, una cosa así y algo… y ya… hacían los hornos. ¡Ah pero es que el carbón! por lo regular lo sacaba uno y lo vendía todo junto. Le recibían a usted desde un bulto a mil bultos. Por La Milagrosa había uno, por La Toma habían dos. Luis Carlos Grajales Soto, nacido en 1948
victorias, coles, arracachas y habas, fríjol petaco… esa era la agricultura de uno, como eso no necesitaba riego ni nada… eso sí eran cosas orgánicas… llegaba uno donde una señora le vendía un kilo de fríjol o un kilo de habas o en fin… y ahí le decía a uno: —¡vea! ¿usted no me hace el favor y me trae una bolsita de tierra?”— y ahí se fue principiando la venta de tierra y ya hasta que otras le decían a uno: —¡vea tráigame dos bultos de tierra! ¡tráigame dos bultos de musgo!—, y entonces se fue creciendo. Se llegaba un diciembre y se acuerda que primero los pesebres era puro musgo… ya llegaban esas señoras —“vea el pesebre mío es grandísimo, tráigame dos bultos de musgo o tres”— y ya uno era feliz, todo contento pa llevarle los tres bultos de musgo… me tocaba sufrir, cuando era en invierno, uno bajaba destilando el agua desde la espalda de cargar.Luis Beltrán Zapata Atehortúa, nacido en 1955
Mi papá sí cultivaba; pero mi mamá salía con nosotros a buscar tierra y musgo, irnos a venderla a Medellín, pero así en la espalda, no había carro cuando eso. Mi papá bajaba pero con las flores, con todo lo producido en la huerta, si, en la casa: gallinas, las flores, los quesitos, todo eso.Rosa Angélica Alzate Soto, nacida en 1946
Como a la edad de diez años ya me iba pa’ Medellín yo sola con un bulto de tierra. Eso es un costal de cabuya grande… porque ya mi mamá tenía tres hijos. Y mi mamá solita no era capaz…. me iba pal’ Calvario, osea, pa’ Campo Valdés Y yo vendía la tierra, yo llevaba otro costalito pequeñito, entonces yo iba sacando el bultico y me iba a ofrecer y dejaba el otro bulto ahí… hasta que acababa el bulto del musgo y la tierra y ya me venía en un bus de Campo Valdés hasta la Plaza de Cisneros; y ahí yo compraba, yo le traía a mi mamá, maduros, repollo, tomate, carne.Genoveva Londoño de Zapata, nacida en 1950

¡Tierra de capote, musgo, flores... arepas...!

Nos bajaban a las 5:00 de la mañana, cerca de La Macarena. Ahí nos reuníamos todos teníamos un sitio especial para desayunar tipo 8:00 de la mañana y ya llenábamos esas calles de carretillas. Grite, grite ¡Tierra de capote, musgo, flores! por ahí diez barrios, vendiendo productos. Uno veía donde estaba eso pelado, sabía donde le iban a poner grama ¡Ah sí mijo. traigame eso! ¿Vos conocés esta matica? Si señora, ¡Ay, traeme estas maticas que aquí las cuadramos! Ah, yo le metía a eso de toda clase de flores… astromelias, estrella de Belén, claveles, pompones.Fabio de Jesús Rodríguez Rojas, nacido en 1952
Yo de once años me fui para Medellín a arrastrar una carretilla solo… ¡Váyase a vender su tierra! Yo alquilaba una carretilla en el centro de la ciudad de Medellín, al frente de La Alpujarra… y me iba para cualquier sitio… me voy para El Poblado, mañana bajaba y decía hoy me voy para La América, para cualquier sitio me iba. Uno en medio de vender la tierra, y el musgo y esas cosas, también… —“¿y allá no hacen arepas en leña?”—“Ah ¿me puede traer?”—. Entonces empezó el negocio ya más de arepas que de tierra… En esa carreta cabía de todo, yo llevaba de todo en esa carreta y todo lo que encargaban a uno, inclusive pájaros, nosotros cogíamos pájaros para vender… para comercializar en Medellín.Hernán de Jesús Soto Grajales, nacido 1967
Porque los guardabosques empezaban a trabajar por ahí a las 8:00 a.m. y pa’ no dejarnos coger de esos guardabosques, mejor dicho, nos metíamos temprano pa’ sacala antes de que pasaran los vigilantes por ahí. En Mazo a las 8:00 a.m. salían de allá pa acá todos los montes, ya a vigilar por todos los montes, a buscar los sacadores de tierra. La teníamos escondida por ahí pal otro día la tierra.Virgilio de Jesús Alzate Grajales, nacido en 1943
y a nosotros nos encontraba los guardabosques y que trotadas las que nos hacían pegar… Si, nos encontraban sacando y se volaban tras de nosotros y nos quitaban los costales, los azadones. A mí me pasó, tener un aborto corriendo de huida. Estaba en embarazo y fuimos a sacar un viajecito para madrugar al otro día y los guardabosques estaban escondidos y a lo más empezamos a sacar y estábamos espulgando ya para empacar, llegaron y corrían tras de nosotros a quitarnos los costales y yo me tiré por una barranca y caí a un hueco… y ya quedé enferma… y ya por ahí a los tres días, nació pues el niño pero así sin tiempo. Rosa Angélica Alzate Soto, nacida en 1946
la policía ambiental… por decir… en la mitad de la carretera ya se hacían ahí y quitaban el viaje… lo primero que empezaron fue a quitar pájaros… y después que, a quitar bejucos, yo me iba por la noche con el bejuco. Me decía Nando: —¡Mija si la cogen con ese bejuco para la cárcel se va!— y dije yo —¡A la voluntad de mi Dios y mi Dios sabe porque lo estoy haciendo, yo no lo voy a dejar a usted mijo sin droga y sin los controles y sin nada, no. Mi diosito sabrá. Si alguna cosa yo llamo! Gracias a Dios no me llegaron a coger, ni con el musguito, ni con la tierra, ni nada. Genoveva Londoño de Zapata, nacida en 1950
Rosa: ¡Primero sacaban mucha tierra! y dejaban esto pelado, pelado, qué, se iban secando los palos; y el mortiño se acabó debido a que todas las ramas del mortiño las llevaban pa Medellín.
Juan: lo que pasa es que la gente aprovechaba porque todo se vendía.
Rosa: y llevaban las ramas de amarrabollo… raíces.
Juan: todo se vendía, chamizas musgosas, pa’ floristería, pa’ cuadrar ramos.
Rosa: por eso fue que prohibieron la sacada del musgo y de la tierra.
Juan de Jesús Patiño Alzate, nacido en 1950 y Rosa María Alzate

llegué a bajar a lo último cien bultos de tierra y de musgo; pero cuando eso no le decían nada a uno, de pronto los guardabosques que había por ahí cuidando los montes lo encontraban a uno… Entonces ya le fuimos cogiendo pereza a eso… la gente ya principió a darse cuenta con las propagandas y todo, que no compraran musgo, ni tierra… Pero yo si llevo abonito, de ese que organizo allí y la gente feliz. Es que todo en la vida uno tiene el cambio y hasta bueno… Antes nos quitaron un peso de encima, porque nosotros nos alzábamos de a dos y tres bultos aquí, para bajar a ese Paso Malo y volver y subir por ahí con el mercadito… cada que me iba bien, traía una puerta, una ventana o, en fin. Hasta que armé la casa y ya. Y ahora me siento feliz porque yo trabajo la agricultura y gracias a Dios no nos falta la comidita.
Luis Beltrán Zapata Atehortúa, nacido en 1955

Tradición

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La diversidad del bosque habitado por generaciones es un privilegio que reafirma los fuertes vínculos territoriales, sociales y familiares de la comunidad silletera; siempre alrededor de prácticas de uso, transporte y comercialización de elementos naturales y productos vegetales.

Con emotividad y cierto halo de conciencia, los “tierreros-silleteros” rememoran los trabajos heredados en sus familias, aprendidos en el bosque y en la huerta bajo la tutela de abuelos que extraían tierras y plantas con sus propios medios y sabían reconocer los terrenos adecuados para cortar madera y producir carbón.

Durante los pocos años que fueron a la escuela aprendieron a leer, escribir y hacer cuentas; pero su vocación de tierreros y carboneros se forjó monte adentro, al soportar extenuantes jornadas de recolección como preludio de los pregones que utilizarían al recorrer la ciudad vendiendo diversos productos.

En el trasegar por la vegetación y la fauna tan diversas, también se crearon significados en sus maneras de habitar el territorio: podían reconocer y hacer uso de las plantas medicinales; otros se dedicaron a la guaquería o a sacar “entierros”; y algunos vivieron experiencias entre brujas y espantos, cuyas memorias a veces convertidas en leyendas, todavía se transmiten de generación en generación.

Sabiduría de ancestros agricultores y tierreros

Hernán de Jesús Soto Grajales
La mayoría de mis hermanos y yo nos criamos con los recursos del bosque, mi madre y mi padre vendían tierra de capote, vendían musgos, sarros, carbón en la ciudad de Medellín para traer el sustento a los hijos… a los once años nos sacaron a nosotros de estudiar porque ya sabíamos leer y escribir, ya decían que éramos muy verracos, que ya no necesitábamos más nada… tener un azadón bien bueno, tener un costal, un cargador y ya mi papá nos enseñó… uno en el bosque encuentra unas capas donde uno se hunde, usted va caminando en el bosque y se hunde, uno sabe que ahí está la tierra de capote… yo vendí tierra de capote hasta hace quince años en Medellín y arreglando jardines.Hernán de Jesús Soto Grajales, 1967

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Luis Carlos Grajales Soto (técnica del carbón)
Clava un palo grueso en la mitad, va formando leña alrededor, alrededor, alrededor… cuando ya está listo tiene que tapalo con capote, al capote tapalo con tierra, entonces el palo que puso para poder arreglar la leña ya lo quita y por ahí mismo le hecha la candela, brasas, por ahí seis días, porque como eso hay que estalo golpeando, entonces ya uno sabe que no es leña sino carbón. Yo, por ahí desde a los ocho años empecé a guerreala. Yo empecé con mi abuelo y ya con él aprendí a… defenderme, a vender tierra que era lo único que había por aquí pa hacer ¡los tierreros de Santa Elena! había un punto que se llamaba El Otro Lado, El Riñonal, y había mucho donde. Matas de anturuio, trepadoras, josefinas, orquídeas.Luis Carlos Grajales Soto, 1948

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Rosa Angélica Alzate Soto
…con un cargador acá el viaje, el bulto y aquí encima una brazada de flores amarrada, aquí en la mano una canasta así con huevos, y aquí debajo del sobaco así con un gallo así vivo pa venderlo vivo… uno se entrena es empezando, ya va cogiendo todas las costumbres de los abuelos, de los papás, entonces eso era una formación muy linda… Yo empecé a trabajar a los 7 años… en la huerta, a cargar boñiga de vaca, a cargar hojarasca del monte para hacer pilas para sembrar… Por ejemplo, uno va al bosque y… la capita de encima pues la limpia uno, le saca la hierba y las hojas… la de encima es la de capote… la que sigue para abajo es la tierra negra… ya queda es tierra estéril..Rosa Angélica Alzate Soto, 1946

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Entre yerbas, brujas y entierros

Rosa Angélica Alzate Soto
yo que la he oído mentar que usted quisque tiene ramitas y conoce de muchas ramas para muchas enfermedades… que sufre una artritis y hace siete años lo desahuciaron del hospital… le voy a mandar una rama muy fuerte que se llama… pringamoza, nosotros le decimos ortiga pero llama pringamoza… le va a echar un puñadito de este tamaño a una olladita donde usted le eche tres tazaditas de agua de panela… una ollada de agua… se la echa de cabeza a pies así tibiecita… siquiera tres veces al día y verá que los huesos van volviendo a desentumirse. Y ese señor, vea lloraba de la alegría… no le recibí ni un peso… cuando uno sufre con paciencia, Dios le da a uno mucho valor… yo no aprendí ni a leer ni a escribir, pero yo sé muchas cosas… pero a lo bien..Rosa Angélica Alzate Soto, 1946

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Luis Beltrán Zapata Atehortua (Brujas y entierros)
por allí había una parte que la llamaban dizque el “bailadero de las brujas”… aquí cerquita, allá si dizque se amontonaban a bailar y a gritar y lo embolataban. Solamente una vez me embolataron que yo iba, así, como ir aquí por este camino y resultar en un enrredajal que no tenía para donde salir… y allá llegaba, todo el que pasaba lo embolataban… Y oí decir de entierros, pues de los familiares de mi mamita y todo, sacaban entierros.Luis Beltrán Zapata Atehortúa, 1955

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Hernán de Jesús Soto Grajales
Por acá siempre existió o existe una bruja y cada que nos íbamos a cierta parte nosotros resultábamos perdidos, nosotros íbamos por el viaje y cuando íbamos a alzar, nosotros no encontrábamos el viaje… y muchas veces terminábamos perdidos por otras cañadas por allá, y nosotros, —“¿yo porque estoy por acá si yo estaba en tal parte? —“vamos a la cañada del espanto que allá nos íbamos a buscar la leña, pero la mayoría de los que íbamos allá nos pasaba eso. Que uno tenía el viaje ya listo, —¡no ahora si me voy! e iba a alzar el viaje y ¿dónde está mi viaje? yo lo tenía acá, ya no está”—.Hernán de Jesús Soto Grajales, 1967

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Galería de fotografías

Los primeros pobladores del territorio encontraron en el monte y en la espesura del bosque, un medio de sustento necesario para su sostenimiento y para el de una ciudad, cuyo combustible principal era la leña y el carbón. Esta secuencia fotográfica recreará la elaboración de carbón vegetal en una aproximación a las técnicas, materiales y herramientas, a manera de un facsímil visual, que busca dimensionar los oficios de la manifestación cultural silletera.

Da clic en la imagen de los pasos para explorar la información

Paso 1

Cortar y secar madera

Paso 2

Armar el entable

Paso 3

Cubrir con aserrín y tierras

Paso 4

Requema y respiraderos

Paso 5

Tumbar el horno

Paso 6

Cenir y empacar

El proceso técnico de elaboración del carbón vegetal es complejo y requiere experticia técnica para armar los hornos y cocer la leña sin que ésta se vuelva ceniza. Se comenzaba por tumbar el lote de árboles del monte y se dejaba la madera allí mientras se terminaba de secar por el tiempo que fuera necesario; podía tratarse de unos días o hasta de un mes. Después, la madera se preparaba eliminando las ramas y cortándola de muy diversos tamaños, procurando que todos los trozos quedaran verticales sin las curvas o torceduras propias de la madera.

 

Una vez la madera estaba lista, se armaba la plaza o entable, que consistía en poner toda la madera en montones haciendo un círculo, en una figura que podía superar la altura de una persona. En el centro del montón de madera se clavaba un palo o guía que después debía sacarse para insertar las brasas que servirían para iniciar la quema de la madera.

 

Una vez organizada la pila de maderos de diferentes tamaños se cubrían con aserrín para mantener los troncos secos, ya que encima se esparcía tierra de capote y tierra negra, en procura que tampoco quedaran expuestos a los vientos de aire que los podrían hacer arder más rápido.

 

A ese entable o plaza se le agregaba desde el inicio la requema o ceba; es decir, las sobras de carbón de un horno anterior que debían servir para ayudar durante el proceso de cocción. Se ponía a quemar un montoncito de madera aparte, con el fin de hacer brasas, y se quitaba la guía o el palo del medio del entable o plaza. Por el hueco que dejaba la guía se introducían esas brasas, las cuales se unían con la requema o ceba, y esa era la forma de introducir el calor que haría que la madera ardiera lentamente, sin convertirse en ceniza.

Al horno se le hacían pequeños orificios por todas partes que servían como respiraderos de los gases que se producen en el proceso y que, a su vez, permitían establecer si el horno se apagaba. El horno ardía de esta forma hasta el día siguiente. Se repetía el proceso de insertar brasas por la guía durante unos cuatro o cinco días, o de acuerdo con la cantidad de madera que se estuviera quemando.

Durante cinco días el horno se iba reduciendo en tamaño a medida que la madera se convertía en carbón. Una vez finalizado el proceso, el carbón se esparcía por el suelo con un garabato y una pala para que se enfriara. En épocas pasadas se usaba tierra para enfriar el carbón, no se recurría al agua debido a que esta daña la calidad del mismo. No obstante, en la actualidad los lugareños que todavía producen carbón utilizan agua para un enfriamiento más rápido y sin residuos.

Con las palas se iban separando los carbones y un cernidor servía para filtrar de tierra, ceniza y polvo. Se empacaban en costales de cabuya, polietileno o en cajas y finalmente los bultos eran trasladados por silleteros y mulas para su venta en Medellín, Envigado, Rionegro y Guarne.

 

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